En el
año 2006 Ernesto Koplowitz se dispone para las últimas revisiones; al fin todo está listo
para la imprenta. Es la culminación de un duro período que se ha demorado más
de veinte años y de una labor continuada durante los últimos tres.
Transcurre el
mes de noviembre y soplan los primeros vientos invernales augurando un año de
nieves. La atmósfera está limpia y trasluce el hermoso cielo del norte de
Madrid, los cielos de Velázquez.
Lleno de vida y “repleto de sí mismo”, el autor, al fin, puede respirar hondo;
la aventura que representa esta obra toca a a su fin, al menos en lo
referente a este primer volumen. Fuera hace fresco, pero el corazón y el alma
están calientes. Su cometido profesional le obliga a pasar con gran
frecuencia por una esquina determinada del Madrid universitario y, ¡qué
casualidad!, cree distinguir la silueta de un hombre de una cierta edad que
se asemeja a la del primo Carlos (Koplowitz Grünbaum), pero no, no puede tratarse de él,
sería demasiada coincidencia encontrárselo en semejantes circunstancias
después de tanto tiempo. Y además, ¿qué se le ha podido perder a ese
engreído y aburguesado personaje en aquella zona de estudiantes
“pobrecitos”? El individuo, fumando un cigarrillo, observa a
Ernesto (Koplowitz) fija y persistentemente. Cuando este último localiza su mirada
reconoce con toda certeza los ojos profundamente azules de Carlos, con esa
mirada penetrante que caracterizaba también a su padre, el gigantesco doctor Erik
Koplowitz (primo del patriarca de la saga de "los Koplowitz", Ernesto
Koplowitz Sternberg).
¿Por qué le observa tan insistentemente, qué quiere de él?, ¿se trata de otra
causalidad del infinito o de un gesto intencionado y calculado?
Ernesto sabe que Carlos espía intensamente porque es un hecho
conocido que, “el que la ha hecho sabe
muy bien guarecerse”. Seguro que Carlos está al tanto de la inminente publicación
del presente Libro Primero. Resulta evidente que a Carlos no le interesa en absoluto
que el gran público sepa quién es él realmente y, en consecuencia, va a
impedir por todos los medios a su alcance que esto suceda. Para ello sólo tiene dos
alternativas:
-
negociar.
-
o, ¿un presunto “cuarto intento”?
¿Se habría apostado en
aquel lugar estratégico, en
un gesto desesperado por dilucidar cuál de
los dos caminos debía tomar?
Hace tiempo Ernesto
aprendió que rebajarse a hablar con “gregarios” siempre resulta
negativo, así es que siguió su camino imperturbablemente. Estaba claro que no
deseaba dialogar. Al igual que Diógenes, Ernesto había buscado a un “hombre”
con un candil, lo necesitaba vitalmente, y creyó que Carlos
lo era, pero todo resultó
ser una desagradable inocentada.
Los seres
humanos presentimos las cosas y tanto Ernesto como Carlos saben que a este
último se le aproxima su “última hora”. Resulta obvio que la publicación de
la obra:
"Lo que se quiere impedir que se conozca sobre los Koplowitz",
destapará
manifiestamente quién es realmente Carlos Koplowitz. Para un ser gregario como
él “perder su imagen social”, edificada con tantas puñaladas por la espalda y
villanía, equivale a la pérdida de su propia identidad. Para ellos el
ostracismo les condena a enfrentarse con su “mísera realidad interior” y, en
consecuencia, ello representa una muerte certera.
Quizá busque en el encuentro
“liquidar sus cuentas pendientes” antes de tener que hacer frente a lo
inevitable. Pero esos números no pueden salir: ¡No hay dinero en el mundo para
poder compensar todo el mal que ha hecho!
Más
allá de estas reflexiones, la ley de la supervivencia se impone ¡Ernesto
no
puede correr el riesgo de permitir una supuesta “cuarta tentativa”!; esto le
hizo reaccionar de inmediato y le condujo directamente al domicilio de un
conocido de confianza. Entregó a ese amigo una copia de los manuscritos con el
encargo de que lo publicase en el caso de que le sucediese algo. Acto seguido
escribió una carta a sus hermanas poniéndolas al tanto de todo ello.
Pocos días después, a las 09:30 h. de la mañana aproximadamente, otra vez
volvía a estar Carlos en el mismo lugar ¿No se entiende qué
hacía allí cuando todos los establecimientos estaban aún cerrado?
Se ha concluido un ciclo
vital; ambos primos se han visto, probablemente por última vez, al igual que
sucedió hace más de veinte años con la esposa de Carlos, cuando en una tarde
primaveral de 1985 ella le preguntó a Ernesto: “¿Cuándo vamos a volver a
vernos?”, a lo que este último respondió sin conocer exactamente la razón, en
uno de esos misteriosos actos de premonición que tenemos los seres
humanos: “Nunca o, en cualquier caso, dentro de mucho tiempo…” y así
sucedió.