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       Suena el teléfono y es viernes 28 de septiembre del 2007, ha pasado casi un año desde el encuentro  con Carlos Koplowitz; llama  "una persona muy especial y muy bien informada", dice tener una importante noticia confidencial que no ha trascendido a los medios de comunicación por alguna extraña razón:

"¡Alguien de la familia Koplowitz ha muerto!"

     Surgen las elucubraciones; si no ha sido el primo Carlos ¿quién si no ha podido ser?; Ernesto asevera que si no ha sido el primo Carlos, entonces da igual, porque tiene la íntima certeza de que éste debe de estar al caer.  La interlocutora responde:

      -"¡Acaso se creé usted un profeta de Israel!" 

      "¡Algo así!", respondió  Ernesto con firmeza.

      "¡Desde luego todo es muy atípico!, exclama ella, porque mientras Esther ha tenido que anular su cena de gala en Nueva York, donde a habido comensales que ha pagado hasta 50.000$ por tener el privilegio de cenar a su lado,  ha sido el Duque de Huéscar en persona  quien ha acudido en representación de  ella. ¡Y eso que no se iba a casar con Alicia Koplowitz, que si llegan a hacerlo...! Mientras esto sucedía Alicia Koplowitz estaba ayer por la tarde bailando con Don Jaime  de Marichalar en un acto en el Museo del Prado ¡Qué le parece!"

        Entonces ella continuó en los siguientes términos:

      "Está bien, voy a ver si averiguo algo más y,  si da resultados, le llamaré de nuevo".

      Aproximadamente a las dos horas vuelve a sonar el teléfono, es de nuevo ella y confirma que se trataba,  efectivamente, del primo Carlos y que había fallecido hace dos o tres días, concretamente el 25 ó 26 de septiembre. Además  añadió lo siguiente:  "según me han dicho, murió obsesionado con su persona". Siguió informando que el funeral se celebraría esa misma tarde en  "la iglesia Del Vergel" a las ocho de la tarde y que no se explicaba el porqué de tanto misterio, cuando recuerda que al fallecer la hermana de Carlos, Helena Koplowitz Grünbaum que, por cierto, no pasó de ser una simple secretaria, todos los medios de comunicación se hicieron eco de ello por el simple hecho de ser un miembro de la familia Koplowitz. Además, Alicia podía haber ido a Nueva York en representación de su hermana Esther,  especialmente si se tiene en cuenta que no tenía nada mejor que hacer que ir a un baile en similares circunstancias. Tratando de racionalizar unos hechos tan contradictorios entre sí, Ernesto respondió  con ironía:

       -"Sí,  claro que podría haber ido ella en lugar de ir su novio..."no novio", quien oficialmente no tiene nada que ver con los Koplowitz, pero que sin embargo ha sido nombrado consejero de una filial  de FCC; ¿no será que Alicia Koplowitz ha participado en eso del baile para despistar a los medios?".

        Entonces ella enfatizó:

       -"¿Y para qué tanto lío? ¡No le veo ningún sentido a todo esto!  ¡A no ser que este nuevo embrollo esté vinculado con la inminente publicación de su premonitorio libro! Les ha tenido que impactar su capacidad de predicción y deben de temer que al gran público le suceda otro tanto."

     Carlos siempre dijo al referirse a su primo Ernesto que éste terminaría sus días con el Premio Nobel o en un psiquiátrico; al no haber logrado lo segundo, ¡que no ha sido por falta de ganas!, pues lo ha intentado hasta la saciedad, ha preferido  quitarse de en medio, antes que  tener que vivenciar lo primero. La envidia es más fuerte que el propio instinto de conservación entre aquellos de su condición, y el “instinto gregario”, también; así lo aseveran psicólogos de primera línea reconocidos mundialmente, entre los que cabe destacar al Doctor Hugo Ensslen. El gregario es un mitómano compulsivo que vive de sus mentiras y de sus engaños; Carlos sobrevivía agarrado al mito de que había logrado ser alguien “muy importante, rico y poderoso”, alguien con un “estatus social” envidiable, pero cuando vio venir la cruda realidad  que comenzaba a aflorar por todas partes, y ello pese a sus inusitados esfuerzos por ocultarla, prefirió la muerte. Prefirió lo inevitable,  antes que tener que enfrentarse a su mísera verdad; antes que verse obligado a  reconocer que él no era otra cosa que un “navajero de barrio” capaz de apuñalar por la espalda a sus mejores amigos y familiares.

        En lo referente a la publicación de la presente obra, el fallecimiento de Carlos Koplowitz no cambia mucho las cosas; Alicia no ha cancelado las instrucciones que dio antes de su abortada boda de impedir a cualquier precio que se publicara ningún libro que hiciera referencia a su persona. Basta con fijarse en las fechas para constatar la relación entre ambos acontecimientos: La boda estaba planeada para el mes de abril del 2007 y lo de ACUMÁN ya estaba en el candelero en Internet en enero del mismo año, más o menos cuando Alicia publicó el desmentido. Lo hizo mediante un comunicado escrito y enviado a su íntimo amigo y director del semanario ¡HOLA!  don Eduardo Sánchez Juncos, donde exponía que no habría boda, pero que la relación proseguía.

        A la luz de lo expuesto, resulta evidente que escogieron  la fecha del "misterioso funeral", calculadamente y coincidiendo con la celebración del acto cultural en el Museo del Prado, lo cual representaba una maniobra de entretenimiento eficaz para los medios de comunicación, que evidentemente se volcaron allí, dada la presencia de la familia real y de la propia Alicia; En otros términos, los medios de comunicación estuvieron concentrados con lo del  Museo del Prado mientras con todo sigilo se celebró el funeral.  Este comportamiento tan peculiar de las dos hermanas Koplowitz podría muy bien explicarse si se tiene en cuenta el factor añadido de que la madre de ambas, Esther María Romero de Juseu y Armenteros, murió en circunstancias similares a las del primo Carlos, e igualmente obsesionada con la figura de Ernesto (hermano mayor) por causas idénticas a las del primo Carlos es decir, por el mismo remordimiento de conciencia.

 

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